Tras la larga búsqueda del otoño que nos llevó gran parte del año pasado, acabamos en un punto muerto: o lo definíamos mediante decreto, el otoño es para mí, y punto, yo proclamo; o seguíamos como al principio, el verano es el fin de la primavera y el preludio del otoño, lo que nos llevaba a definiciones circulares en las que el verano acabará siendo en función de lo que sean el otoño, el invierno y la primavera; más que una piedra inamovible, una red en vibración constante.
La lectura de EOn, de mister Bear, está siendo, cómo no, fructífera, y hasta longeva, si me apuran (chiste privado
). Es, diría, el primer escritor que leo que describe bien cómo funciona la mente de un matemático al intentar resolver un problema; lo cual nos lleva a la duda de si hay que ser matemático, o físico al menos, o científico, que parece que es lo que Bear es, para poder entender cómo funciona esa mente; si habrá que ser cocinero para entender la mente de un cocinero, e ilustrador para entender la de un dibujante; si, en última instancia, los escritores llevamos veintiocho siglos dando tumbos y hablando de nsootros mismos y disfrazándolo como discursos grandilocuentes sobre la humanidad.
En fin, que nos vamos. La lectura de EOn y ciertas reflexiones sobre las matemáticas, donde algunas de las definiciones no dejan de ser tautologías elaboradas (sólo que, por gracia de dios, el universo o vaya usted a saber, luego nos sirven y ahí están los físicos para aplicarlas al mundo real, R^n, n por determinar) y, sobre todo, el final del verano, la llegada del otoño, el estallido del frío y de las primeras lluvias, me han llevado, más que a intentar solventar algo de lo conseguido el año pasado, a proponer definiciones nuevas del verano. Que, no lo olvidemos, es una forma de definir el otoño. Y, tampoco lo olvidemos, todas ellas son falsas, falibles, personales, puede que transferibles, o no, eso queda a decisión del sujeto; y simples palabras, sonidos, aire; la nada, que se lleva el viento.

El verano es un balcón siempre abierto y un comedor que se extiende hasta un jardín, verde, infinito, coronado, que no limitado, que nunca terminado, por la pared trasera de una mansión deshabitada donde las golondrinas han hecho su nido.
El verano es el vuelo de las gaviotas desde el edificio contiguo.
Es tirarse en el balcón y dejar que el aroma de la tierra húmeda, de plantas recién llegadas, se confunda con el humo de los amigos fumadores.
Poner los pies sobre la baranda, caliente por el sol, mientras el toldo, una cortina azul desgastada, se mece y te protege del calor abrasador.
El verano es un pasillo largo donde el viento no deja de correr.
Recorrer el camino de la playa, lleno de gente paseando o en bici; el olor del mar, el sonido de las olas, el paso rítmico de la arena bajo los pies de las sandalias. Detenerte, girarte, contemplar la inmensidad de lo que te rodea y estar en paz; eso es el verano.
Regueros de hormigas que te cortan el camino y te hacen saltar, como un tonto, dando pasitos para evitarlas; que también tienen derecho a su verano.

Las plantas, las plantas que crecen por doquier, ingeniándoselas para seguir brotando de entre la tierra seca, de entre las piedras, de entre las rocas donde no hay suelo y uno no puede más que maravillarse.
Las cigarras, estridentes en la noche.
Pasear, cerca de casa, mientras es tarde y anochece, sabiendo que al llegar al comedor te ducharás para quitarte el polvo del camino, te prepararás una ensalada y te sentarás a mirar un capítulo de True Blood con las ventanas abiertas y el aire de la noche corriendo.
Una cala, una cualquiera, rodeada de piedras, donde el agua es transparente y cada vez que te sumerges y abres los ojos ves los peces y los rayos del sol queriendo penetrar bajo el mar.
Una toalla roja, una sombrilla roja, una gorra roja; volver de la playa y pasar por el McAuto a por un helado o una hamburguesa de un euro y comértela en cualquier sitio, cualquier playa, sin que importe nada, sin que haya tiempo ni preocupaciones ni necesidad de abrigo o refugio.
El silencio; el silencio de una noche de luna llena.